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Paul César HelleuIglesia Saint-Jacques de Dieppehacia 1897
hacia 1897
830,75 US$Precio de listaIVA incluido
Acerca del artículo
- Creador:Paul César Helleu (1859-1927, Francés)
- Año de creación:hacia 1897
- Dimensiones:Altura: 57,8 cm (22,76 in)Anchura: 41,9 cm (16,5 in)
- Más ediciones y tamaños:39,8x29,8 cm (cuvette)Precio: 831 US$
- Medio:
- Movimiento y estilo:
- Época:
- Estado:Épreuve signée en bas à gauche au crayon " Helleu " Inscription en bas au centre au crayon " Dieppe " Bon état, quelques plis et tâches légères.
- Ubicación de la galería:BOULOGNE-BILLANCOURT, FR
- Número de referencia:Vendedor: 1591stDibs: LU2790215565932
Paul César Helleu
Impresión rica en rebabas y tonos dramáticos de punta seca, ningún otro artista personifica como Helleu toda la atmósfera de elegancia y placer hedonista que impregnaba la sociedad parisina de la primera década del siglo. Amigo íntimo de Proust e inspirador de uno de los personajes principales de La Búsqueda del Tiempo Perdido, Helleu se hizo eco en toda su vida de la incomparable elegancia y fluidez de su dibujo, del puro estilo de su arte y de su ojo para las poses de las bellas mujeres que eran sus amigas y sus mecenas. Durante la década de 1870, Helleu había conocido a los pintores del Impresionismo y también a los artistas Sargent y Whistler, que se convirtieron en sus amigos especiales y en su inspiración. A principios de la década de 1880, ya había desarrollado la cualidad de la línea de barrido expresiva, que es la esencia de su dibujo, pero en 1885 Tissot le animó a probar a trabajar en grabados en punta seca. Por aquel entonces, Tissot había decidido, tras la muerte de su amante y modelo Kathleen Newton, viajar a Tierra Santa en una peregrinación artística. Tras decidir que ya no grabaría más, entregó a Helleu su estilete de diamante... un "paso del testigo" literal y figurado. Fue en la incisión y la textura de la punta seca donde su arte iba a alcanzar una de sus mayores cimas. Tenía un sentido innato del equilibrio entre un trazo ligeramente curvo y la rebaba profundamente cortada y muy tonal de la punta seca más fuerte. Hacia el cambio de siglo empezó a combinar la punta seca con el multientintado en colores, limitando las zonas de color a toques como los lazos de los sombreros, el color del pelo o el rojo de los labios. La plancha se dibujaba de una sola vez, y luego se pincelaban sobre ella las tintas de color. El resultado son algunos de los grabados más espléndidos y decorativos de la Belle Époque.
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